Marcia Acevedo, titulada de Ing. en Gestión Turística UTEM: “La universidad me enseñó que la educación pública tiene potencial transformador”

Autor: Joaquín|
"Jaque a la identidad profesional" se llama la publicación que nuestra alumni presentó recientemente. La invitación es a reflexionar sobre la resiliencia, la adaptación y la transformación profesional en contextos marcados por la incertidumbre.

En busca de ofrecer herramientas y lecciones de liderazgo para que otras personas puedan aprender a leer su propia carrera como un tablero donde siempre existen nuevas jugadas posibles, Marcia Acevedo escribió el libro “Jaque a la identidad profesional” tras un quiebre profesional que la obligó a replantearse que hacer en el futuro y hacer preguntas sobre su identidad profesional.

Para ella, justamente, fue clave el haber pasado por Ingeniería en Gestión Turística, en el que adquirió una mirada sistémica de los servicios, personas y experiencias, además de vincularse con diversas industrias y sectores económicos. Fue gracias a esta experiencia en empresas de diversos rubros donde pudo observar las vicisitudes de profesionales que la enfrentar quiebres, transiciones o decisiones difíciles se cuestionaban sobre su identidad laboral.

Fue entonces cuando surgió su vocación por la consultoría de carrera, en el que se interesó por acompañar procesos de reflexión estratégica sobre el desarrollo profesional. “Comprendí que la carrera también es un sistema que requiere lectura de contexto, estrategia y sentido. Ese cruce entre experiencia personal, liderazgo y desarrollo humano fue el camino natural hacia este campo”, indica.

¿Qué competencias considera críticas en escenarios VUCA y BANI?

-La primera es la capacidad de interpretación del contexto. No basta con reaccionar, es necesario comprender los cambios estructurales que están ocurriendo. La segunda es la adaptabilidad estratégica, es decir, la habilidad de ajustar decisiones sin perder sentido y criterio. También es clave la inteligencia emocional, porque los cambios acelerados generan ansiedad y desorientación. Liderar o gestionar la propia carrera en estos escenarios requiere autoconocimiento y regulación emocional.

Destacaría también la capacidad de aprendizaje continuo. Hoy la estabilidad no está en los cargos, sino en la habilidad de seguir aprendiendo y formándose.

¿Qué le diría a alguien que hoy siente el vértigo de perder su rol?

-Primero, que el vértigo es natural. Cuando un rol desaparece o cambia, no solo se pierde un trabajo; muchas veces se mueve una parte de nuestra identidad. Perder un rol no significa perder valor. El mercado laboral cambia constantemente, y en ocasiones lo que está en crisis no es la persona, sino el contexto donde esa persona estaba inserta.

En ese momento, lo más importante es detenerse a observar el tablero con mayor perspectiva. Las transiciones profesionales, pueden ser muy complejas, también pueden abrir espacios para redefinir el sentido del trabajo y las contribuciones que queremos hacer.

¿Cómo se reconstruye el valor propio después de una pérdida laboral?

-La reconstrucción comienza separando dos cosas que muchas veces confundimos: el cargo que ocupábamos y el valor personal. El valor profesional no desaparece con un contrato, porque está construido por experiencias, aprendizajes, redes y capacidades acumuladas a lo largo del tiempo.

Un paso importante es volver a narrar la propia trayectoria desde los aprendizajes, no solo desde los hitos formales. Cuando una persona logra reconocer qué habilidades desarrolló, qué problemas resolvió y qué impacto ha generado, comienza a recuperar su sentido de agencia. Desde ahí es posible reconstruir el proyecto profesional con mayor consciencia.

¿Qué anécdotas o aspectos destacaría de su paso por la UTEM?

-La UTEM fue un espacio donde aprendí algo ha marcado mi trayectoria, esa convicción de que la educación pública tiene un enorme potencial transformador cuando se conecta con la realidad social.

Recuerdo especialmente la diversidad de trayectorias de quienes estudiábamos allí. Muchos éramos primera generación universitaria o personas que debíamos combinar estudio con responsabilidades familiares o laborales (yo fui mamá en el 2 do año de universidad). Eso genera una sensibilidad distinta respecto del esfuerzo, la movilidad social y el impacto de la educación.

Otro aspecto que valoro es que la universidad siempre promovió una formación con mirada práctica y territorial. Esa conexión con el entorno, con las comunidades, con la industria y con los desafíos reales del país fue algo que ha influido bastante en mi forma de entender el liderazgo y el desarrollo profesional.

¿Cómo valora el apoyo de la UTEM en este lanzamiento? ¿Qué te pareció el recibimiento?

-Para mí fue profundamente significativo que el lanzamiento se realizara en la UTEM. Volver a la universidad donde me formé, ahora con el desarrollo de un libro de desarrollo de carrera, tiene un valor simbólico muy especial.

Sentí un recibimiento muy cálido y comprometido por parte de la comunidad académica, especialmente de mi jefa de carrera Mafi Sandoval, facilitando toda la ejecución. Además, el conversatorio realizado permitió abrir un diálogo honesto sobre identidad profesional, liderazgo y transiciones laborales.

Pienso que la academia y las instituciones de educación cumplen un rol clave, no solo en formar profesionales, sino también en generar espacios de reflexión sobre las trayectorias laborales y el sentido del trabajo. En ese sentido, el apoyo de la UTEM fue una señal muy potente.

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